26 febrero 2018

No penséis que os tenemos abandonados por capricho. Es que el invierno está siendo muy duro. Menos mal que algún buen amigo del Bazar, como Basi Jorquera, tiene a bien compartir sus relatos con nosotros. Esperamos que os guste.

C’EST LA VIE
Hay personas que quieren ser ingenieros. Otros viajar, tener muchas parejas o conseguir mucho dinero. Pues bien yo, quería suicidarme. Desde bien chiquito.
Ya de mayor la vida me seguía aburriendo supinamente. Estaba harto de levantarme todos los días de lunes a viernes a la misma hora de la madrugada. Ver en el trabajo, que no me motivaba nada, las mismas caras de insatisfacción, aburrimiento, hipocresía y hastío. Porque sí, había mal rollo en el lugar en que, por convenio, tenía que pasar cuarenta horas semanales. Cuarenta horas con sus dos mil cuatrocientos minutos, con sus ciento cuarenta y cuatro mil segundos; ¡que se dice muy pronto! La otra opción, abstenerme de trabajar, objetar de mi trabajo, ni me la planteaba porque por lo menos podía asumir lo que esta sociedad de consumo, sin firmar, te obliga a aceptar: sus reglas de juego.   
Yo creo que la vocación suicida me viene estando ya en el vientre materno, mientras nadaba en el poco espacio que quedaba en su líquido amniótico. Ya mi madre intentó quitarse de en medio cuando yo oficiaba de okupa en su cuerpo. Tuvo el antojo de rajarse las venas mientras se acariciaba la barriga tomando un plácido baño con sales minerales en la bañera de su casa. Pero claro no lo consiguió y mira el resultado. Y no me olvido de la otra parte que contribuyó a que yo me arrastre vitalmente como un gusano por esta ínfima zona del Universo: mi padre, mi hacedor, el que fue mi guía espiritual hasta que me pude independizar intelectualmente de él cuando comencé a leer por mi cuenta. Pues sí, también quiso poner punto y final a su vida; él con pastillas y alcohol, y tampoco lo logró. ¡Menuda familia de taraos!, pensará la vecindad.
El miércoles dice el periódico que hay luna llena. Temo las noches de luna llena porque está constatado, que en esos días, la prevalencia en el índice de suicidios aumenta considerablemente, así que esas noches me pongo ropa deportiva, cojo mi libreta de anotar voluntades y escribo: “del faro rojo al faro verde. Del faro verde al faro rojo. ¡He abierto la madrugada, caminando de faro a faro!” Es una forma como otra cualquiera de conjurar mi tendencia, a lo que estoy abocado por simple genética, de obligarme a realizar y terminar esa ruta cartagenera si antes lo he escrito negro sobre blanco. Porque uno no puede luchar contra los elementos, es imposible y además agota inútilmente y yo, tiendo a lo que tiendo. De eso no hay duda. Pero me resisto, lucho cual gato panza arriba ya que ¿sabéis lo que pasa?, pues que en el fondo, ¡qué coño!, a mi edad, me he acostumbrado ya a la vida. A mi vida.


BASI JORQUERA     29-I-2018

31 enero 2018

¿Quién se acuerda de nosotras? Menos mal que Alice Walker sí.
¿Recuerdas?
¿Me recuerdas?
Soy la chica
de la piel oscura
y los zapatos gastados.
Soy la chica
con dientes cariados.
Soy la chica
negra de los dientes podridos
con el ojo herido
y la oreja destrozada.
Soy la chica
que sostiene a sus hijos,
cocina sus comidas,
barre sus patios,
lava sus ropas.
Oscura y pudriéndome
y herida, herida.
Yo daría
a la raza humana
tan sólo esperanza.
Soy la mujer
con la piel oscura bendecida.
Soy la mujer
con los dientes arreglados.
Soy la mujer
con el ojo sanado,
con la oreja que oye.
Soy la mujer: Oscura,
arreglada, curada,
que te escucha.
Yo daría
a la raza humana
tan sólo esperanza.

Soy la mujer
que ofrece dos flores
con raíces gemelas.
Justicia y Esperanza.
Comencemos.
Alice Walker

12 enero 2018

¡Ha llegado el fin de semana! El cuerpo nos pide microrrelatos. Aquí va uno de Basi Jorquera, del Bazar de Letras del Centro Cultural:

EL PODER DE UNA SONRISA
Fue un segundo, qué digo, una  fracción  de segundo: le puse una caña y al pagarme me sonrió como solo se sonríe a alguien especial, a alguien con el que estás a gusto, a alguien con el que no tienes que medir tus palabras o tus gestos, a alguien con el que simplemente eres tú, siempre.
Luego me pasé el resto de mi vida buscándola.
                     BASI JORQUERA 9-X-2017  



05 enero 2018

Por si nos estáis escuchando, por si nos estáis leyendo (que sabemos que sí), por si alguien no sabe lo que es un relato emocionante, aquí va uno de Mª Dolores Hernández, del Bazar del Centro Cultural. 


Por si me estás escuchando

No sabes cómo a veces te añoro ¿Por qué te fuiste de mi lado de puntillas, en silencio y sin haberte conocido? Eras como un sol cuando traspasa sus rayos a través de una ventana y caldea la estancia, el estar unidos era sentirnos en secreto y que feliz era pensando que tu corazón latía presuroso junto al mío. Es tan difícil describir la emoción cuando llevas otra vida dentro de ti. Pero algo no iba bien y la dicha que inundaba todo mi ser, de pronto en mil pedazos se rompió, porque aquél día no era calor lo que desprendía tu cuerpo tan pequeño, si no un frío que recorrió mis entrañas y logró estremecerme. Cuando llegó el temido momento de la cesárea, no me dejaron ver tu carita que debió ser preciosa y debías haber tenido el pelo rubio y los ojos azules como tus hermanos. Ibas a ser una nueva esperanza, la nueva luz que iba aumentar la felicidad de mi hogar y sin poder evitarlo, bruscamente te apagaste llevándote mi ilusión y las ganas de vivir. El tiempo para mí no existía, solo estaba atrapada en la angustia y no podía conciliar el sueño, para calmarme me dieron un sedante y me quedé dormida. Y en ese espacio que estas pero que no sientes, que vives y no quieres despertar…oí la voz de un niño que decía…-mami quiero que sepas lo mucho que te quiero, lo que he sentido no estar dentro de ti hasta completar mis días de gestación y crecer a tu lado arropado con tu amor y cariño. Pero mami no sufras por mí que nacer no es tan sencillo, a veces se llega a este mundo y más valdría no haber nacido, verte llorar es lo que más me atormenta, aunque no conseguí el estar en tus brazos fue tan fácil aprender a quererte. Se que te habías hecho la ilusión y al perderme el mundo te pareció hostil, yo también quise estar jugando con mis hermanos y día a día ir haciéndome mayor, pero mami no estés triste…verás…los que vivís en este planeta tan bonito no lo sabéis todavía, pero yo sí y es un lugar lleno de luz que irradia paz y felicidad y de aquí no me muevo hasta que te unas conmigo-. Solamente una vez llegué a estar en ese mundo donde reinan las sombras y en ellas se pierde lo que más anhelas y lo horrible que es que sin vida te arranquen de tus entrañas a un hijo sin poder llegar a conocerlo.
Mª Dolores Hernández Martínez


26 diciembre 2017

Como sabéis, una de nuestras actividades favoritas durante los días de descanso es leer, leer y leer para disfrutar de las horas que normalmente nos ocupan la rutina y la obligación (esas malvadas). Y, afortunadamente, nuestros amigos del Bazar del Centro Cultural nos envían sus relatos para que no nos falte qué leer. Ahí va hoy el que Marian Cifuentes presentó al IX Certamen Alzabara. ¡Una pena que no fuera premiado!

El reto, solamente una vez

El escritor no siempre acude a la fantasía, todo está en nuestro alrededor, sólo necesita dejarse encontrar por los acontecimientos diarios, siempre que observe, mire y escuche, pues la realidad es rica en historias, superando la fantasía, como el suceso que voy a contar.
Nos conocíamos desde que éramos jóvenes, pertenecíamos a un grupo del instituto que por suerte continuó fielmente la amistad aunque nuestras vidas tomaran rumbos radicalmente diferentes. Mi amiga destacaba entre todas, su vida era equilibrada, coherente con las exigencias de la época. A veces solo era un jarrón decorando la escena. Otras –dejando fluir sus ideas- era la protagonista de lo vivido.
Sorprendían sus deseos de aprender, su avidez por lo bello. La realidad de la vida la conmovía y no le pasaba desapercibida.
Años después nos encontramos, estaba cambiada, la sentía ausente, no vivía el presente, lo cotidiano le suponía un gran esfuerzo.
Había dado a luz unas semanas antes, fue traumático. Sus pechos rebosantes de leche no alimentarían a su bebé. El vacío que el hijo le dejó en su vientre envolvía también su mente, todo era confusión.
En esos días pretendía hacer un viaje, su instinto la obligó a confiar en quienes podían reconducir su vida, iría sola ¡ella que no había ido más allá de las palmeras que rodeaban su pueblo! Cogería un tren que la llevaría a la estación de Alcázar de San Juan. Allí haría trasbordo con otro que la llevaría finalmente a su destino en otra costa, de mar a mar, espectador y siempre protagonista. Sí, ella compartía su vida con él y el mar.
No puso inconveniente a que la acompañara a la estación, ella con inseguridad, yo preocupado y ambos con interrogantes. Con mirada triste se despidió tras el cristal, yo mantuve mi buen humor levantando los brazos hasta que el tren se perdió tras dar la curva.
La historia que sigue, la oí de sus labios. Llegando a Alcázar, se dirigió lentamente a la sala de espera que se encontraba llena, los viajeros se comunicaban unos con otros, se sintió profundamente sola. Al poco, una voz anunciaba a los pasajeros la llegada del tren, esto la hizo reaccionar, fuera, su aliento se hacía visible, el frío era intenso. Sentada ya en el vagón, cerró los ojos por un instante, pensó que lo había conseguido. Faltaban pocas horas para terminar el viaje. El estruendo de las estaciones y la incertidumbre de coger el tren adecuado, ya no la perseguirían.
Un joven se sentó a su lado, le habló, era amable, le envolvió su voz, estaba complacida, relajada. Le hubiera contado su vida a aquél extraño que le prestaba atención. ¡Qué fácil hacerse con la voluntad de una persona emocionalmente débil!
Solamente una vez, sólo aquella noche, sencillamente necesitaba aceptar el consuelo de un extraño.
Faltaba poco para llegar. De improviso percibió que había una persona de pie frente a ella, levantó la vista, él estaba allí, en alguna parada se montó, buscándola en los vagones, el padre del hijo que ella apenas pudo acoger en sus brazos. ¡Su marido! Ilusionante, enamorado como siempre, estaba sonriente, todo él expresaba alegría, con los brazos abiertos se refugió en su cuerpo que desde hacía tiempo no veía. Fueron momentos que llenaron  de esperanza sus vidas.
Esto era real, no había duda, estaba invadida por el gozo, el sentirse débil ante la oscura soledad de la noche, no.
¡Por fin se encontraron, estaban unidos como siempre ante cualquier obstáculo que les deparase la vida!



20 diciembre 2017

Bueno, bueno, bueno...estamos que nos salimos. Aquí va otro relato genial, esta vez de la mano de Basi Jorquera del Bazar del Centro Cultural. Y también es uno de esos relatos que participaron en el IX Certamen Alzabara. Seguro que os encanta:

ODA A LA VIDA
Solamente una vez cerré los ojos definitivamente y esto es lo que me perdí ese día y los posteriores:  un amanecer que inunda el cielo de un rojizo vivo y dinámico que va tornando a un anaranjado conforme clarea el día, y un trinar de pájaros al despuntar la mañana que te hacen encarar ese momento y los que se avecinan con un ánimo recobrado; una ducha con agua templada que te despeja y reconforta y te quita las telarañas que durante la noche se han apoderado de tu cuerpo y de tu mente; un café con un crujiente croissant y mermelada de fresa que caen en tu estómago como un regalo culinario a esas horas del día; una lectura sosegada que te hace viajar por parajes y sentimientos que de otra manera no llegarías ni a intuir en tu apacible vida; una llamada inesperada de tu mejor amigo contándote y compartiendo contigo, y sólo contigo, que la noche anterior cuando lo dejaste en el bar con la penúltima cerveza en la mano, ligó con la pelirroja del piercing en el labio; un paseo por la playa con los pies descalzos sintiendo, ora la tibieza de la fina arena, ora la frescura del mar, y observando lánguidamente el ir y venir de las blancas gaviotas en el azul celeste; una cervecica fresca acompañada por unas almendras en una terraza sintiendo el calor de mediodía del astro rey en la cara mientras ojeas, solo, las noticias del diario; el deleite de pensar que cuando llegues a casa te vas a cocinar una patatas y unos huevos fritos con puntilla que ni un marajá los sabría apreciar mejor que tú; una siesta reparadora de esas en las que estás a gusto en el sofá cerrando y abriendo los ojos todo “ensoñiscao” viendo cualquier cosa en la tele; el disfrute de escuchar por enésima vez in Utero de los Nirvana y quedarte otra vez colgado con las guitarras sucias de los de la banda de Kurt Cobain; dejar pasar la tarde y probar por primera vez un té pakistaní con leche y mucho azúcar en compañía de tus amigos de toda la vida dejándote mecer por su conversación; andar ya camino de casa y encontrarte inesperadamente a María, tu ex que todavía no es tu ex, y tomarte una cañas cenando y hablando de si terminar la noche en su casa o en la tuya; ir camino de casa, solo, y agradeciendo tu suerte por haberos encontrado, cuando ya enfilabas tu casa acompañado, al ex de María, que sí es su ex, y que ésta haya decidido, al final, irse con él porque si os hubieseis acostado sabes que la hubieses cagado otra vez; llegar a casa cansado, ponerte el pijama y las zapatillas, abrirte una cerveza y ponerte Radio Nacional de España para terminar el día relajado y escuchando lo que la jornada ha dado de sí; arrebujarte con el edredón en la cama y terminar de leer esos capítulos que te faltan para saber quién se ha cargado a la enfermera rubia que murió en el capítulo dos; y cerrar los ojos recreándote en el hecho de que ha sido un bonito día y sabiendo que no los vas a abrir más porque los has cerrado definitivamente al principio de este relato.
Descanse en paz.
                                                        BASI    JORQUERA      13-11-2017

19 diciembre 2017

Pero cómo nos gusta que nuestros amigos del Bazar del Centro Cultural compartan con nosotros sus relatos. Joaquín Campillo nos envía Atardecer, portal de vida, este precioso relato que presentó al IX Premio Alzabara.


ATARDECER, PORTAL DE VIDA.
Mira como reposa sobre el vientre, única, solitaria, huérfana; encima de ese alojamiento, nido de una nueva vida. La piel en tensión, el pequeño latido que galopa a ritmo acelerado. Descansa su cuerpo junto a la puerta de la cabaña, donde alojan mujeres y niños de la familia. Conjunción de adobe, paja y colorantes para decorar, con símbolos de su etnia, la protección contra el mal augurio.
El sol se marcha a reponer de luz otros lugares. Nosotros donamos, a su mente, la bella estampa que sucede. Solamente una vez, al día, le permiten esta contemplación. La mano acaricia el abultado abdomen, ella puede transmitir y recibir las sensaciones, mejor que el muñón izquierdo. Vitalicio recuerdo de los horrores pasados, en esta tierra del continente africano. Los niños también pueden ser atroces; soldados imberbes, con viejos fusiles y machetes, provocaron el terror en la aldea. Acaudillados por gente con ausencia de razón y cerebro, en nombre de no se sabe qué ideales, siembran la desgracia y la muerte. Su hombre fusilado, y a ella le dieron a escoger: esclava o amputación. No acabó ahí el dolor, se llevaron a su hijo; quedó sola de familia y con una mano. No era su primera amputación, sufrió otra en su tierna infancia. Tribal sacrilegio cometido en su cuerpo de niña, por convicciones de su familia y de su pueblo.
Viuda, manca y con cicatrices en su interior, fue reclamada por el hermano de su marido —padre de lo que crece en su vientre— y la tomó como segunda esposa. Relegada por la primera, la vemos hacer todo tipo de tareas, que la otra no hace, a pesar de tener dos manos. Realiza filigranas para traer agua, cuidar animales, moler grano, hacer fuego... todo, con un punto en la izquierda y la coma en la derecha.
Hoy, en este atardecer, la vemos tranquila. Pero ella presiente que, en este ocaso, el florecido vientre dará su fruto deseado; tendrá que amamantar, cuidar, criar algo propio. Aunque se incrementen las tareas, será dichosa. Un nuevo retoño, que no borrará el recuerdo del primero, pero la hará creer que merece la pena seguir luchando. Ya no solo trabajará para la impuesta familia; tendrá la propia. Seguiremos viéndola, y así lo pedimos, juntos, bajo esta frente amplia coronada por el anillado pelo. Sobre su ancha nariz, sobre sus carnosos y protuberantes labios; destaca nuestra blanca conjuntiva, en la coloreada piel.  Nosotros, los ojos, que le mostramos todo; sentimos orgullo de pertenecer a esta mujer, a esta Reina Leona, que lucha en esta tierra dura, por su naturaleza y por la acción del ser llamado humano que, muchas veces, no lo es. Y volveremos a mirar, por ella, todos los atardeceres que su vida le conceda.

07/12/2017

Joaquín Campillo Villa