03 junio 2024

Buenos días, amigos del Bazar de Letras. Ha llegado el final del curso y nuestros alumnos han practicado y experimentado con otras formas de narrar. Joaquín Campillo, del Bazar de Letras de los Jueves, quiere compartir hoy con nosotras este microrrelato. Seguro que os gusta.


EL ENVASE

Enrosca el tapón, ya tiene líquido suficiente. El asa no deja mucho espacio a la mano, apenas caben tres dedos; no está pensada para trasportarla mucho tiempo. Tampoco, él, hará un largo recorrido con la lata. Tiene forma de prisma rectangular. Es metálica. Sus caras están pintadas con estampas alegóricas de mujeres, que hacen faenas agrícolas. De hecho, parece que están allí luciendo su porte. El recipiente está cubierto por una capa oleosa, con mezcla de polvo. La oscilación del porteador hace que el líquido fluctúe, emitiendo una especie de chasquido. Y se transforma en un borboteo, al verter lo que contiene. Luego, abandonada sobre el suelo, destapada, esparce el olor del vertido, que se mezcla con las fragancias de la sierra. Mientras, el pirómano desciende por el camino.





12/04/2024
Joaquín Campillo Villa



30 abril 2024

Buenos días desde una lluviosa Cartagena. Como cada año, en los diferentes talleres del Bazar de Letras hemos escrito inspirándonos en el cartel de La Mar de Músicas. Este año, Islas del Mediterráneo. Compartimos hoy con vosotros este relato de Esther Valera Gasull, lleno de belleza y lirismo.






  MIS TRES MARES

MAR-llanura (tierra), Mar-salada (agua), Mar-música (aire). Míos sois aunque no os posea con documento de propiedad, pues no toda la  belleza se deja encerrar o apropiar con muros y puertas. La de estos mares, natural y libre, universal y gratuita como la gracia de la fe, solo requiere sentirla y acogerla.

Yo abrí los ojos al mundo en una inmensa llanura, de horizonte lejano y abierto, todos sus caminos y campos tenían vida y llanos éramos también sus dispersos habitantes. Amo esa llanura.

Antes de ver el Mar-agua, escuché su sonido en una gran caracola que había en casa. Mi madre me la acercó al oído y me dijo que ese ruido era el mar, que había llegado hasta allí atravesando y que algún día me llevarían a conocerlo. Cuando lo hicieron me pareció otra gran llanura, azul, movediza y resplandeciente. Si te acercabas a él con inocencia te sorprendía enseguida acariciándote los pies. Me cautivó este Mar.

Mi Mar-música nació casi al mismo tiempo que yo. Se inició con las nanas que mi madre me cantaba, apretándome en su cálido pecho, cuando no acudía el sueño, lloraba o estaba enferma. Era dulce y melancólica su voz, sanadora. Me dejé envolver en ese Mar de ternura.

La Llanura-tierra me ofreció su banda sonora original de pájaros, cascabeles, árboles, vientos...todo orquestado por la sencilla e invisible mano de su Creador. El hogar familiar colaboraba con ella, mi padre tocaba el acordeón los días de fiesta, cantaba, se sumaba mi madre y luego me unía yo.

El Mar-agua tenía otros sonidos, cadenciaba el paso del tiempo, reloj de millones de arenas, con un extraño e hipnótico tic-tac, arbitrario e incesante. Me atrapó. Después llegaron a mi la radio, los discos, los casetes y me vestí la nueva música que iba descubriendo como lo hacía con mis nuevos vestidos, ajustándolos a mi cuerpo y a mi alma según crecía física  y emocionalmente.

Cada uno de estos mares celebra fiestas a su manera. La Llanura se engalana cada primavera de flores, colores, de insectos cantores, de verde promesa, y suena como un arcoíris .

Al Mar-azul le gusta sorprender e improvisar su calendario según los vientos y mareas. Celebra su poder con grandes olas y baile de masas líquidas, vapuleado barcos, aspergiendo con gracia y furia rocas y acantilados, tejiendo puntillas de espumas bravas y llamativas.

La Mar-música lo hace en cualquier lugar donde se le convoque, por pequeño y escondido que esté. Voces, instrumentos y creatividad ecuménica al servicio de la humanidad que sabe o necesita escucharla. A veces lo hace con grandes conciertos, ruidosos o sublimes, otras con modestos festivales o recitales intimistas.

Pasados tantos años ya, la Llanura  es un lugar a donde siempre regresar, volver. El Mar, un gran ventanal de la vida desde el que contemplar, disfrutar, descargar el estrés y añorar a los que partieron a su otro lado. La Música una compañera fiel, generosa y solícita para hacernos reír, saltar, cantar, emocionarnos, hacernos llorar o consolarnos según lo necesitemos en cada momento.

En esta pequeña orilla que es nuestra ciudad, la Mar-música se encarna cada verano como realidad de su promesa: ¡¡Nos vemos en julio!! Este año ha recreado un archipiélago mediterráneo y sonoro, de canciones e intérpretes, grandes o pequeños, famosos o emergentes, sustentado en el abrazo de todos los tiempos y culturas, en la diversidad que enriquece y suma, en el lenguaje universal que va directo al corazón, nos une, nos hace temblar, bailar, apaciguarnos o levantarnos como sanados por un viento mágico. 

Me saluda hoy el cartel que lo anuncia con un collage de manos y rostros sin género, sin nombre, sin origen grabado en sus frentes. Casi todos con bocas cerradas y oídos abiertos al otro para escucharlo. He querido hacer presente un recuerdo. Una de estas caras de pelo rojizo y boca abierta me ha hablado: soy sardo y junto a tres compañeros cantamos canciones ancestrales a capela. Les he llevado al atrio de la catedral vieja y allí, desde el tiempo remoto y el interior de la pisada tierra, atravesando todo su cuerpo ha emergido una voz extraordinaria. Acompañados sólo por la ligera brisa, un poco de bruma y toda mi emoción  han cantado para mí  que, sentada en el suelo, arropada con un chal sobre mi espalda, con los ojos cerrados y  pequeñas velas a nuestro alrededor para no herir la noche, he querido quedarme allí hasta el amanecer... pero las voces estaban cansadas y comenzaba a hacer frío... He tenido que volver.

Hasta aquí he venido, a compartirlo con todos vosotros.




Esther Valera Gasull

Bazar de las Mañanas
del Centro Cultural




11 marzo 2024

 ¡Buenos días! Llegó Febrero y con él una nueva edición de las Jornadas Carmen Conde, organizadas por la Asociación de Mujeres Amanecer, de Barrio Peral. El jueves 29 celebramos el Certamen de Relatos y el ganador, Joaquín Campillo, generosamente nos ha enviado su texto para que todos lo podamos disfrutar. Por las Doritas que luchan contra la soledad no deseada, allá va.




DORITA

Tiene la mano sobre el pomo de la puerta, cuando suena el móvil. Uno de los antiguos, no inteligente, pero le sirve, para las llamadas que recibe. Es Dorita, quien llama, una buena y reciente amiga, acompañante y alumna de la clase de bordado. Fue quien le sugirió impartirla para que compartiera su maestría. Estos encuentros se iniciaron después de aquella tarde, triste como todas, de las que tantas pasaba, sola, volteando en su cabeza la lluvia de recuerdos, las ausencias impuestas por la muerte de sus seres queridos, las de sus hijos, voluntarias, en la lejanía de sus vidas. Y determinó poner fin a esto con una solución, amasada durante tiempo en su cabeza, así fue: 

La tarde es plácida, agarra su inseparable compañero. Antes tenía dos, pero al perro se le acabaron las carantoñas que profirió durante catorce años. Por esta circunstancia, solo le queda su soporte: el andador. A pesar de que camina bien, fue un consejo médico por seguridad. Toma su ruta habitual, despacio, las manos en el soporte y los dedos prestos al freno. En la esquina, una señora con perro mira a los lados, mientras hurga en el bolso, parece que no tiene modo ni manera de recoger los excrementos del animal; se prepara para disimular su falta. Al llegar a la plaza, otra mujer anciana, que porta un vaso de cartón, se le acerca y lo presenta a modo de petición; no entiende lo que balbuce, le deposita una moneda y sigue. En un banco, una pareja de jóvenes derrocha arrumacos, luego, cuando se marchan, él se cubre tras chica a la espera de que cese su erección. Entonces, ella piensa cómo, en sus tiempos, eran los galanteos. Llegada a un paso de cebra, se alerta, porque para una persona de su edad hay riesgo, si el que transita va bebido, fumado o distraído, y las terribles furgonetas de reparto vuelan a destajo. Ella no quiere una lesión a medias, ni una prolongada agonía. Por fin, alcanzó su meta, el puerto. Tenía visto un rincón solitario, alejado de las terrazas y zonas de paso. Allí se sienta, mira, piensa y piensa, siempre lo mismo. La brisa le reconforta e incrementa el lagrimeo de sus ojos, pero no calma su amargura interior. El sol abandona su labor, desciende besando con sus rayos el horizonte. Refresca, siente un escalofrío en su cuerpo y en su alma. No hay nadie cerca del cantil, solo alguna gaviota que busca restos abandonados por los pescadores.  Podría ser su momento. ¿Qué le ata a este mundo, si solo se acuerdan de ella un par de veces al año y el cumplido es telefónico?; unos escasos minutos de conversación.

Está claro, se levanta del andador y camina hacia la orilla, decidida. Ya las lágrimas resbalan por los surcos de su cara, las recibe el pañuelo que saca de la manga. Un paso más. En un momento, la mano, sobre el pecho, presiona la medalla que le regaló su hombre, el que compartió vida e hijos.  Ya ve próximo encontrarse con él. En verdad, no está convencida del todo, pero sigue adelante; otro paso más. De pronto, la sobresalta una voz y un himno que, por megafonía, procede de algún buque militar. Las farolas del puerto se encienden. Da otro paso. Decidida llega al filo. Aparta el andador y cuando se inclina, una mano la sujeta y escucha una voz que le dice: «Entornando los ojos, si quisieras verías… verías el lado bueno de lo que has vivido y lo que te queda por vivir, verías lo útil que es ayudar, entregarte a un nuevo ideal, por pequeño que sea». Cuando se vuelve se abrazan. La mujer que la retuvo sigue hablando: «Verás como, al final, alguien te devuelve el tiempo que tú le dedicas, verás sonrisas, compañía, volverás a respirar, de nuevo, el aire de la amistad…». 

Fue la primera vez que vio a Dorita.

(Por diversos motivos, en 2022, se suicidaron cuatro mil trescientas personas; mil trescientas eran mayores de sesenta y cinco años).




10/02/2024


Primer Premio Taller Literario de las Jornadas de Carmen Conde. Asociación de Mujeres Amanecer. Bº Peral. 

10 noviembre 2023

¡Buenos días! Tanto tiempo sin pasar por aquí para compartir Letras con vosotros. Hoy nos vamos a emocionar con el relato de M. Dolores Hernández, ganador en el Certamen de Relatos de La Bella Quiteria en Munera (Albacete). 



¡Culpable por haber nacido mujer!


En un lugar de este mundo donde la vida es insegura e inhóspita para la mujer, te veo niña preciosa entre paredes sin colores, tienes el pelo negro como la noche y tu piel es morena como la tierra. Eres feliz chiquilla y vas creciendo en una granja que poseen tus padres, donde abundan los setos de flores amarillas y una oveja rebelde se las come a bocados. Ajena a tu triste destino, te sientes libre como los pájaros y dices algo de volar muy alto, donde deseas que las niñas tengan los mismos derechos que los niños. Tus brazos extiendes en la noche como queriendo alcanzar las estrellas, les hablas de tener alas para llegar a acariciarlas y te inventas una oración que habla de un cielo azul.

Ahora vives con la ilusión de ir haciéndote mayor y ese anhelo escapa y vuela de tu mente, juegas con la fantasía que escondes bajo tus parpados, todo cabe en tus ojos nocturnos. ¡Pero oh chiquilla! por haber nacido mujer, se vislumbra una sombra enredada en tu mirada, que nubla ese ingenuo encanto, que te espera sin tener piedad en tu diminuto cuerpo. Es el estigma de la ablación con su ingrata presencia, es el que te arrebata sin misericordia el derecho al placer sajándolo con el filo de un cuchillo. Tras una violencia sangrante en tan tierno regazo, tras un horrible e inhumano ritual, la dignidad que enarbolan tus derechos ha sido mutilada y un lívido temblor zarandea tu fascinante universo ¿Quién puede ahora volver a redimir este débil cuerpo? Qué amargo es ahora sentirse niña y no poder regresar al punto de partida y seguir viviendo como una flor sin paraíso, donde las alas que tanto anhelabas te las han roto.

Entre el miedo, la opresión y la angustia, tu criatura, has sido humillada y entre matices de oscuridad que esgrimió ese atardecer, te dejas llevar hacia un futuro incierto, porque a los catorce años te dan en matrimonio sin amor correspondido con el hombre equivocado, sin ilusiones, sin gozo, sin virginidad, ya no ves madrugadas tejidas con hilos de grana y oro y tu belleza la ocultas tras un siniestro burka viviendo prisionera y sin rescate adoctrinada en esa jaula. Toda tu silueta es una sombra que no quieres reconocer dentro de él y que te corta el oxígeno.

Tan solo flotan tras una minúscula abertura unos ojos que limitan el paisaje de tu entorno buscando señales en otros ojos en la lejanía de otras voces y otros caminos. ¡Ay chiquilla de pelo negro como la noche, de piel morena como la tierra! la frescura de tu rostro ya no veo, tu aureola de destello ya no me ciega con su fulgor y siendo todavía una niña bebes día tras día un cáliz amargo con sabor a miedo y opresión. Ahora vives como la luna más desamparada, queriendo volver a tener los brazos que velaban tus sueños cuando eras una pequeña encendida de rubores y amparada en el regazo de tu madre.

No fue esto solo tu larga agonía, porque una historia de luto estaba próxima a comenzar. No eras culpable y te acusaron de adulterio y sin un juicio justo condenada a ser lapidada, pediste clemencia ya que lo que realmente en ese día pasó, en el que reinaba la oscuridad, es que fuiste violada. Las manos de bronce del salvaje apretaban tu cuello sin poder escapar de sus garras. Todo llegó a ser inútil, la ciudad amaneció gris, eras inocente y tú dispuesta a morir y el pueblo entero cómplice de esa agonía se congregó alrededor tuyo como verdugos fanáticos que te observaban con odio. La primera piedra, con las huellas de un infame impacto en tu frágil cuerpo, la segunda hizo brotar sangre de la frente y la tercera te rompió la vena de la sien, dando el último suspiro retenido. El destello de luz que emanaba de ti quedó suspendido a su paso por un tiempo demasiado corto que te arrebató la vida. Y cada vez que una de nosotras muere de esta forma, un trozo de nuestro corazón debiera de desgarrarse dentro de él. Así son asesinadas las mujeres por tan injustas leyes en una sociedad machista y fanática en la cual los estúpidos se nutren en su seno, mientras quienes tienen la obligación y el deber moral de poner orden en este mundo miran hacia otro lado.

Esta historia está basada en hechos reales     


Mª Dolores Hernández Martínez

Premiado en el certamen de La Bella Quiteria en Munera (Albacete)

A 1 de Julio de 2023  

12 junio 2023

 ¡Buenos días! ¿Cómo estáis? Notamos cómo se aproxima el verano, el curso ya ha acabado pero seguimos rodeadas de letras, de libros, de recomendaciones literarias... Hoy Milagros Márquez quiere compartir con todos nosotros su relato inspirado en esta portada. Seguro que os encantará.




LA MIRADA

 Ya sé porque me escogió a mí para la foto. Dice que tengo la mirada triste y no es así, yo entera soy triste, nací triste, me crie triste y tengo hambre.

Ese día me di cuenta de que un hombre no dejaba de mirarme, es normal, me pasa muchas veces, se acercan y cerramos el trato. Pero esta vez no fue así, solo me observaba, otro pirado pensé, esta vez estaba equivocada. Se acercó a mí preguntándome si quería ser su modelo para la portada de un libro. ¡Modelo yo! Este quiere descuento.

Hablamos y me llevó a su oficina, pensé que iríamos a la peluquería para arreglarme un poco, comprar bonitos trajes, en fin, la idea que yo tenía de una modelo. Todo lo contrario, me despeinó aún más, me bajó la cremallera del vestido y pensé: por ahí empieza, pero tampoco, muy respetuoso me pidió por favor que me sentara en el suelo en medio de un montón de basura, casi tapada la cara con la mano y con una expresión de susto en los ojos.

Todo lo hice bien menos la expresión. Después de muchos golpes de la vida mis ojos están curados de espanto. Solo pudo sacar de ellos el asombro de encontrarme allí y la tristeza, esa que llevo dentro desde que nací.

Ahora soy una gran modelo. Se valora mi tristeza en un mundo que solo quiere alegría, diversión aunque sea fingida. Lo malo, lo desagradable no existe, lo hemos borrado, hay que disfrutar cada día como si fuera el último, en fin, mensajes de esos que te llegan por las redes sociales. Pero no es real, solo hay que rascar un poco en la sociedad para ver la tristeza, la desesperación a flor de piel.

Han pasado muchos años, estoy sentada en un gran sillón detrás del ventanal por el que penetra el aroma de las flores del jardín, veo los cuadros de mis fotos más famosas en la pared y pienso que la mejor, la más real, la que verdaderamente soy yo, es la primera, aunque ya no tenga hambre y solo me quede la tristeza.


Milagros Márquez

Bazar del Centro Cultural




20 abril 2023

¡Buenos días! Estamos en la que probablemente es la semana más literaria del año y no queremos dejar de disfrutar con novelas, poemas, greguerías, dramas y thrillers... Allá va un microrrelato que Milagros Márquez, del Bazar de Letras del Centro Cultural, quiere compartir con nosotras. 



EL TIEMPO


El sueño me ignora esta noche. Mañana es mi cumpleaños, pero eso no es la causa, los rituales me tienen ya sin cuidado. Es el reloj que hay sobre la mesilla, por la noche lo miro para controlar el tiempo, pero esta noche no puedo ¿Quién lo ha corrido detrás de la lámpara?

El tiempo me ayuda a controlarlo todo, cada hora, cada minuto…El andar de las agujas me fascina, ese segundo que antes de hacerse realidad ya ha pasado.

Querida amiga, he sido yo, el tiempo, cada segundo lo deslizaba un poco. Te he mirado durante años desde ese reloj, cuando volvías tu hermosa cabeza hacia mí y que, como todo lo que toco, se ha ido transformando en un pobre reflejo de lo que fue.

No quiero ver tu rostro con las primeras luces de ese amanecer en el que ya no habrá cumpleaños.




16 noviembre 2022

¡Buenos días! En esta otoñal mañana (¡por fin!) queremos compartir con vosotras el relato creado por Marina Escudero Camarena, nueva compañera del Bazar de Letras de La Palma. Disfrutad de la sencillez hecha belleza:



"Mi último regalo”



 Durante toda una vida soñé con hacer el mejor de los regalos a alguien especial, alguien que no pudiera sostener las lágrimas de emoción al recibirlo. Me esforcé y me dejé el alma, el cuerpo y el corazón en hallar a esa persona tan merecedora de mi obsequio.

 Para mí, era una necesidad imperiosa compartir aquello tan preciado con quien fuera merecedor de ello. Incluso aunque le quedara grande, yo me sentía feliz de dar un poquito de ese regalo fuera quien fuese el destinatario.

 Tras sentir la tristeza de menospreciar mi regalo con quien no lo valoró, el exceso de emoción por sentirlo crecer en mi interior y el anhelo de no encontrar a esa persona merecedora, lo entendí todo.

 Mi regalo fue, es y será el de sentir amor y sentirse amado. Entendí que jamás estaría del todo satisfecha al darlo si sentía que me quedaría vacía, drenada consentidamente. Recordé que jamás me había regalado absolutamente nada a mí misma.

 Y por fin, tras tantísimo dolor, incertidumbre y desasosiego, me elegí como remitente y destinatario. Elegí darle uso a esas toneladas de amor que guardaba y regalaba aleatoriamente para disfrutarlo con todo mi cuerpo, mente y corazón.

 Mi último regalo, me lo di a mí misma. Desde entonces, entendí el valor de mi vida, amé y valoré mi existencia. Me bañé en mi propio lago de valía, cariño y cuidado. Y me lo agradecí, como nadie hizo jamás.


Marina Escudero Camarena
Bazar de Letras de La Palma